Me fui a tomar fotos, esta vez con mi cámara Yashica Elerctro 35 G de alrededor de 1968, una maravillosa máquina cuya capacidad queda expuesta en estas imágenes. Aunque en general siempre salgo con una idea preliminar, es el camino y las miradas que hago en el mismo lo que deciden el rumbo que sigo. Esta vez recorrí tres escenarios diferentes, con sus sensaciones únicas, que expongo en esta nota.
Primera escena. La huelga de enfermerxs.
Pasé frente al complejo hospitalario del Presbyterian. Les enfermerxs mantienen una huelga que lleva ya un buen tiempo, exigiendo aumento salarial y mejores condiciones laborales. Un nutrido grupo se mantiene al frente de uno de los hospitales, cantando consignas, recibiendo el apoyo de los transeúntes e informando de sus peticiones en el marco de las negociaciones entre el sindicato y las corporaciones hospitalarias. Los lectores del exterior deben saber que en los Estados Unidos el sistema de salud no es público y está en manos de diversas corporaciones y entidades privadas.
Tomé esta imagen en la primera parada, no sin antes solidarizarme con los huelguistas.

Segunda escena. Downtown en brumas.
Caminé un largo trecho para llegar a Riverside, a la orilla del río Hudson en el borde oeste de Manhattan. Aunque que me encontraba en el Upper West Side, área norte de Manhattan, podía divisarse el Midtown y el Downtown con su conglomerado de rascacielos y torres financieras. El día estaba frío, el cielo cubierto de nubes grises y una bruma fantasmal se interponía, creando un velo que ocultaba la energía trepidante, el ritmo frenético y los contrastes extremos de la ciudad.

Tercera escena. Arte frente a las vías.
Continué hacía arriba y pasé frente al pequeño faro rojo y bajo el puente George Washington. Tomé unas fotos allí pero las dejo para otra nota. Divisé un camino empinado por el que no había caminado, solitario y viejo, con un pequeño puente de madera que pasa sobre las vías del tren. Observé desde arriba del puente hacía las vías en cuyos bordes resaltaban los grafitis dibujados quién sabe cuándo. Extraña sensación, entre la soledad del momento, el frío, la intención de un artista (o tal vez varios) que quiso dejar su capricho a una lado de la vía, los rieles, dormidos, testimoniando el eventual transcurrir de la actividad vital, y un alambrado para evitar que los suicidas salten. Y aquí tomé la imagen de esta última escena.


